Temor por la “ameba comecerebros” pega a negocios de Plaza La Isla

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El temor generado por el caso de Naegleria fowleri, conocida popularmente como la “ameba comecerebros”, ya comienza a tener repercusiones en la actividad comercial de Plaza La Isla, donde algunos establecimientos reportan una disminución considerable en la afluencia de clientes.

La situación se originó luego de que autoridades sanitarias confirmaran la presencia del microorganismo en el lago artificial del complejo comercial, tras el fallecimiento de un trabajador de actividades acuáticas cuya infección fue atribuida por el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) a Naegleria fowleri.

De acuerdo con comerciantes y encargados de negocios consultados, desde que se difundió la información sobre el caso han notado una menor presencia de visitantes, particularmente de familias que, ante el temor, estarían optando por acudir a otros espacios comerciales y de entretenimiento.

Algunos establecimientos aseguran que sus ventas han disminuido hasta 50 por ciento, mientras que los gastos fijos, como las rentas de los locales, continúan sin modificaciones.

Los comerciantes también expresaron preocupación por la falta de una campaña informativa dentro de la plaza que permita explicar a los visitantes cuál es la situación actual del lago, qué medidas sanitarias se han implementado y cuáles son los espacios que permanecen abiertos y operando con normalidad.

El Gobierno de Yucatán informó que el lago permanece fuera de operación y precisó que se trata de un cuerpo de agua artificial que no tiene conexión con otros espacios recreativos ni con la red de agua potable.

Las autoridades también han señalado que la infección por Naegleria fowleri no se transmite de persona a persona y no se adquiere por beber agua, sino que el riesgo está relacionado con la entrada de agua contaminada por la nariz.

Como parte de las medidas posteriores al caso, la empresa responsable del lago fue sancionada con una multa de alrededor de 2.1 millones de pesos, además de quedar obligada a realizar trabajos de saneamiento y presentar nuevos análisis de laboratorio antes de que pueda considerarse una eventual reapertura.

Mientras el lago permanece cerrado, los negocios de Plaza La Isla enfrentan una situación adicional: recuperar la confianza de los visitantes y evitar que el temor provocado por el caso sanitario termine extendiéndose a establecimientos que no tienen relación directa con las actividades acuáticas.